Ls
vida secreta de ALFRED NOBEL
INVENTOR DE LA DINAMITA
COMO SE
DISTRIBUYEN LOS PREMIOS
NOBEL
Un
día de Agosto del año 1876, el cotidiano vienés Freire
Presse publicó el siguiente aviso:
«Señor de edad madura, muy rico, culto y
que habla distintos idiomas, desea encontrar señora madura dispuesta
a ser su secretaria y dirigir su "ménage"».
El que publicó este anuncio, con plena reserva hacia todos sus conocidos,
era uno de los hombres más famosos, ricos y solitarios del mundo: el
sueco Alfred Bernhard Nobel, inventor de la dinamita
que, en ese tiempo, tenía 43 años de edad. Vivía en París,
donde habitaba una fastuosa residencia situada cerca de "Place de l’Etoile",
con salones repletos de valiosísimas obras de arte. Era amante de la
literatura y escribía en secreto poesías sobre algunas circunstancias
de su vida.
Con sus descubrimientos en el campo de los explosivos, había acumulado
una inmensa fortuna; poseía decenas de fábricas en Suecia,
Alemania, Inglaterra y
Francia. Parecía que nada le faltaba para
ser feliz, sin embargo sufría íncubos que a veces lo molestaban,
tanto de día como de noche.
Para comprender la tragedia espiritual de Nobel, es necesario recordar su vida
y comprender lo que significaba la dinamita en aquellos tiempos para el mundo.
Su invención, patentada en el año 1866,
cuando grandes ejércitos estaban armados todavía con fusiles de
avancarga, consistía una verdadera revolución. La dinamita fue
como la bomba atómica del siglo XlX. Se
ponía a disposición de los hombres una poderosa fuerza explosiva
que podía ser utilizada con fines pacíficos, pero también
era
un
instrumento tremendamente mortífero si era empleado en la guerra. Nobel
creía profundamente en el progreso, odiaba las guerras, tanto como la
ignorancia y la extrema pobreza. En su intimidad, muchas veces reflexionaba
sobre su situación: ¿porque justamente a él, hombre sensible
e inquieto, el destino lo había puesto en ese camino?
El
estudio de los explosivos, la pasión del inventor nato, el deseo de llegar
a ser un gran hombre de industria y el ansia del dinero, estuvieron siempre
presentes en la vida de Alfred, que quiso siempre seguir el rumbo de su padre
Emanuel, de profesión inventor. Al presentarse una oportunidad, su padre
aceptó trasladarse con la familia a Pietroburgo (la actual Leningrado)
para trabajar en un laboratorio para investigar y construir instrumentos y mecanismos
de carácter militar para el ejército del Zar. Luego de unos años,
Emanuel Nobel volvió a Suecia en 1860 y la familia se dividió.
Tenía 4 hijos, dos de los cuales se mudaron a Bakú
donde, años más tarde, se hicieron millonarios con la industria
del petróleo. Los otros dos (Alfred y Oscar-Emil) siguieron al padre
a Estocolmo. En esta ciudad, el anciano Emanuel
Nobel, comenzó la investigación sobre la utilización práctica
de la nitroglicerina (ya había sido descubierta
por el italiano Sodero). Este
elemento
producía explosiones, pero era muy difícil de controlar por su
inestabilidad, ya que un simple golpe activaba el compuesto de glicerina y ácido
nítrico y lo hacía explotar. Durante los trabajos de búsqueda
de un estabilizador, hubo muchas explosiones, en una de las cuales murió
Oscar-Emil Nobel, el hermano menor de Alfred, además de otras personas
presentes. En otra explosión quedó paralítico el anciano
Emanuel, su padre.
Alfred
continuó sin embargo con las investigaciones y por fin descubrió
que la nitroglicerina, al ser absorbida por un elemento
poroso (más tarde se llamó "Kieselguhr"), se
convertía en estable, no explotaba con golpes pero podía
hacerlo mediante un simple detonador, como la misma cápsula de fulminato
de mercurio que se utilizaba en los fusiles. Acababa de
inventar la dinamita.
Era el año 1866, y el joven Alfred se hizo muy famoso. Fabricó
y exportó el producto en todo el mundo, abriendo en todas partes fábricas
y filiales: había logrado un éxito completo y el dinero entraba
en sus cajas en cantidades inimaginables. Sin embargo siguió investigando
y en 1875 logró convertir la dinamita en gelatina, mucho más efectiva
todavía. Años después inventó la "balistita",
que fue la primera pólvora sin humo.
Las
estrategias militares cambiaron radicalmente con el invento de la dinamita,
con resultados
terriblemente
destructivos y mucho más mortíferos, mientras Nobel acumulaba
riquezas cada vez más colosales. Se levantaron contra él grande
acusaciones, como hombre cínico, sin escrúpulo alguno, monstruo
moral, merecedor de la muerte, y otras cosas más. Él se defendía
diciendo que las guerras serían imposibles en el futuro, teniendo en
cuenta las terribles destrucciones que podrían producir. Sin embargo,
reflexionando en soledad, pensaba en los cientos de miles, quizás millones
de personas que perecerían por culpa de sus inventos. Atormentado por
las dudas, pasaba sus momentos de tristeza leyendo literaturas clásicas.
Sin embargo nunca dejó sus negocios y volcó todos sus afectos
hacia la madre, que falleció al cumplir los 80 años.
Fue
en aquel momento cuando Alfred Nobel, quedado sin afectos, insertó su
aviso en el periódico vienés, en búsqueda una dama que
lo ayudara en sus complicados quehaceres y con la cual tal vez podría
disertar en sus momentos de profunda desazón. Entre las candidatas que
contestaron al aviso, eligió la condesa austriaca "Bertha
Kinshy von Chinic und Tettau", mujer linda, refinada e inteligente,
de 33 años. Pertenecía a una familia noble en decadencia, tanto
que aceptó primero ser amas de llaves en la mansión de los ricos
barones "von Suttner". El hijo de ese
barón se enamoró, correspondido, de la bella gobernanta, pero
la familia del muchacho se opuso terminantemente al matrimonio, y fue por
ese
motivo que la condesa respondió al aviso del diario: Alfred la esperó
en la estación de París. Entre los dos nació enseguida
una recíproca comprensión y una gran amistad. En la espléndida
mansión cerca de Place de l’Etoile tuvieron largas conversaciones
y Alfred se enamoró de ella, pero mientras tanto el hijo del barón
Suttner pudo convencer a su familia y renovó su pasión hacia la
linda condesa, que decidió casarse con él por el amor que siempre
le tuvo. Alfred Noble aceptó noblemente la separación y volvió
a su soledad, iniciando un largo viaje de negocios, en los cuales quiso esconder
su decepción.
Años
más tarde, Alfred intentó una nueva relación con una joven
muchacha, pero fracasó rotundamente.
En 1887, se encontró nuevamente en París con la ya baronesa "Bertha
von Suttner", su antigua secretaria. Ella ya era una mujer famosa
en toda Europa por sus cruzadas contra las guerras, las armas y los instrumentos
de muerte. En el ánimo de Nobel siempre quedó el pesar por el
alejamiento de esa estupenda mujer, con la cual compartió siempre el
rechazo a la violencia, a los cañones y a las bombas: hubiese sido su
compañera espiritual, con ideales comunes.
En 1891 Alfred participó, en la ciudad de Viena, y en incógnito,
al primer congreso de la Sociedad contra las armas,
organizado por la propia baronesa. Luego, en un intercambio de correspondencia
con ella, le informó su decisión de establecer un premio anual
destinado al hombre o mujer que hubiese contribuido a establecer la paz universal,
agregando que ella sería la primera en obtenerlo (en
1905,
Bertha von Suttner fue ganadora del premio Nobel de la
paz. Alfred ya había fallecido, pero la baronesa fue justamente
considerada su inspiradora).
Es posible que la gran desilusión amorosa haya motivado a Alfred Nobel para crear en su ánimo la idea de utilizar sus riquezas para premiar todos aquellos que lograran mejorar el mundo, tal como lo estaba haciendo la mujer que amaba, a pesar de que el corazón de ella pertenecía a otro. Para él, los bienes materiales resultaron inútiles a los efectos de lograr con ellos una vida feliz.
Nobel pasó sus últimos años principalmente en París, y también en San Remo ciudad italiana frente al mar mediterráneo, donde poseía un laboratorio científico. En 1896 tuvo serios problemas cardíacos y falleció dos días después, el 10 Diciembre en San Remo, a los 63 años de edad y con una fortuna de 31 millones y medio de coronas suecas de aquel entonces. El patrimonio comprendía 90 fábricas de dinamitas en distintos países del mundo. Su testamento, luego de legados a los parientes, fue dejado para la constitución de un fondo cuyos intereses anuales deberían dividirse en cinco partes:
Una para quién haría el más
importante descubrimiento o invención en el campo de la Física.
Una para quién haría el más
importante descubrimiento u el mejor perfeccionamiento en el campo de la química
Una para quién haría el más
importante descubrimiento en Fisiología o en Medicina.
Una para quién, en el campo de la literatura,
escribiría lo más relevante en el sentido de lo ideal.
Una para quién habría trabajado más
y mejor para la formación de los Pueblos, o la disminución de
los armamentos, o por la fundación de congresos para la
paz.
Seis de sus parientes, los más próximos, aceptaron el testamento. Otros doce, los más lejanos, lo impugnaron, aduciendo problemas de carácter legal, ya que la Ley Sueca exigía que los herederos debían ser formalmente identificados en el testamento. Finalmente se llegó a un arreglo y en 1901 se asignaron los primeros premios Nobel. Cada premio se puede dividir, como máximo, a tres personas.
Todos
los capitales dejados por Noble fueron convertidos en obligaciones
suecas y administrados por un comité especial, cuyo Presidente
es designado por el gobierno Sueco. Los premios anuales están constituidos
por los frutos del gigantesco capital. Para la Física
y la Química, la elección de las personas a premiar está
a cargo de la Academia Real Sueca de Ciencias; por la
Medicina, por el Instituto Médico-Quirúrgico “Carolina”
de Estocolmo; por la literatura, La Academia Sueca.
Por el premio para la paz, rigen normas especiales,
y es asignada por Noruega. Esta elección
fue efectuada por un comité de cinco miembros elegidos por el Parlamento
de Oslo (capital de Noruega). En aquellos tiempos, Suecia
y Noruega formaban un mismo Estado, luego Noruega se distanció
formando un País independiente. Le fue reservado el derecho de elegir
uno de los cinco premios, el más significativo desde el punto de vista
moral (el de la Paz).
]En 1905, el premio Nobel por la paz fue asignado a su inspiradora, la baronesa
Bertha von Suttner.
La entrega de todos los premios Nobel se efectúa el día 10
de Diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Noble.
No faltan, cada tanto, algunas polémicas sobre los criterios utilizados por quienes deben elegir las personas premiadas, especialmente en el campo de la literatura. Por ejemplo, Bernard Shaw, premiado en 1925, dijo que podía perdonar a Noble por haber inventado la dinamita, pero solamente un diablo con traje de hombre habría podido inventar el premio Nobel. A pesar de esta argucia del famoso escritor irlandés, este premio es considerado como la mayor distinción mundial, el máximo honor que se puede otorgar al ingenio.
Desgraciadamente, la explosión más poderosa que pudo haberse realizado hasta el 1945 se convertiría hoy en algo muy modesto frente a las bombas atómicas y las de hidrógeno; su potencia equivale ya a millones de toneladas de dinamita. Con sus terribles efectos, podrían destruir todos los terrenos fértiles, los hombres y la misma tierra. El dilema que atormentó a Alfred Nobel sigue vigente hoy más que nunca, con un dramático interrogante para todos nosotros.
Aristide
Forlán