TIERRA DEL FUEGO

LOS INDIOS TEHUELCHES

EXPLORACIONES REALIZADAS EN 1882
POR LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA ITALIANA

Continuando con los apuntes iniciados en nuestro artículo anterior sobre la expedición de Giacomo Bove, el explorador italiano que recorrió la Patagonia y Tierra del Fuego durante los años 1881/1884, creemos interesante referir otras particularidades sobre las características de los Tehuelches, tribu indígena que habitaba aquellos lugares y que hoy ha desaparecido. Volvemos sobre este tema también porque sentimos un gran interés étnico e histórico por los pueblos autóctonos que vivían en el extremo sur del continente Antártico, cuya soberanía política pertenece a la Nación Argentina.

Estos pueblos, como muchos otros en el mundo, fueron barridos por la civilización y es nuestro deseo recordar su existencia, aunque ésta fuera primitiva y salvaje.

Nuestra principal atención se fija en los legendarios Tehuelches, de los cuales hoy no hay muchas referencias. Por este motivo, aportamos las informaciones que llegaron a nosotros gracias a los exploradores de la Sociedad Geográfica Italiana, que cumplían misiones científicas en aquella zona. De hecho, nuestros compatriotas vivieron con los indígenas durante varias semanas, en el curso de un largo viaje hecho a caballo desde Punta Arena hasta Santa Cruz.

Estos habitantes de los desiertos exterminados del sur patagónico fueron un mito desde los primeros tiempos. Existen datos que nos llegaron de la expedición de Magallanes (por el historiador Pigafetta en el año 1520), que los describía como gigantes, debido a su altura. Pero las primeras noticias confiables sobre su estatura fueron recogidas del inglés Musters. En su trabajo “At home with the Patagonians” les otorga, como estatura media, 1.80 metros de altura, hecho que fue confirmado por los científicos italianos de la expedición Bove.

Por las proporciones de las diversas partes del cuerpo, los Tehuelches se diferenciaban mucho de lo normal de nuestras razas. De hecho, las partes superiores e inferiores eran extraordinariamente desarrolladas en largo más que en ancho; todos ellos tenían los brazos y las piernas largas y sutiles y el tronco corto. El desarrollo del tórax y de la espalda también era notable, debido a la fuerza que seguramente ejercían en la obligada gimnasia que constituía su vida cotidiana.

Las mujeres, generalmente menos altas que los hombres, eran más gordas y sin las diferencias de proporciones observada en los hombres, pero todas tenían un busto muy voluminoso, protuberante. La fecundidad de las mujeres era también muy limitada, con pocos nacimientos, y esto, ciertamente, era un indicio de la decadencia de esa raza. El cuerpo, ya sea del hombre como de la mujer, era desprovisto de pelos, con una piel muy suave que solamente la edad hacía arrugar. El color de la epidermis era de un color amarillo rojizo, con tendencia al moreno; para mayor claridad podríamos comparar este color con el del cobre ligeramente oxidado por el aire.
Sus dientes eran blancos y bien hechos, y sus molares tenían la superficie superior chata y no redondeada y provista de puntas, como ocurre en las razas europeas.

La abundante cabellera, cuando encanecía, tomaba un color gris amarillento, y la calvicie era totalmente desconocida por ellos.

El tatuaje no era usado por su tribu. Pero sí, solían pintarse el cuerpo, especialmente la cara, utilizando para eso un mineral terroso con óxido de hierro (Ocre), de color rojo oscuro o negro, que encontraban en las tierras papeana cercanas a los Andes. Este ocre, disuelto con grasa de avestruz, les permitía obtener las pinturas que necesitaban.
La acción de pintarse no era solamente decorativa sino también para proteger partes del rostro (nariz y mejillas) de los fuertes vientos en el verano y del hielo en el invierno. Sin embargo, era también costumbre maquillarse el rostro en su totalidad formando así una máscara. La costumbre de pintarse era común a hombres y mujeres.

Los Tehuelches eran un pueblo pacífico y tranquilo, sin ideas hostiles ni guerreras. Las expediciones realizadas por muchos países en sus tierras no los molestó, ni los indujo a utilizar la violencia, tampoco provocó en ellos el deseo de combatir. Lo demuestra el hecho que no usaban otras armas que las boleadoras y un poco los arcos y flechas. Todavía se encuentran puntas de flechas realizadas con sílice, ágata, calcedonia y, también con fragmentos de rocas, pero faltan muestras de otros instrumentos bélicos que demostrarían la pasada existencia de tribus guerreras, desde el Río Santa Cruz hasta Punta Arena. Las armas de guerra eran, en cambio, comúnmente usadas por los indios “Pampas”, quienes vivían mucho más al norte y luchaban permanentemente contra los colonos y se defendían del ejército argentino.

La vida de los Tehuelches era nómade por excelencia, habitaban en un lugar hasta que la caza era abundante, demandándole poco esfuerzo procurarse el alimento. Cuando la misma escaseaba se mudaban a un nuevo lugar, donde los avestruces y los guanacos fuesen abundantes, y también donde no faltase el agua y el pasto para los caballos.

Los apuntes que poseemos nos ofrecen mucha más información sobre la vida, la alimentación y, también, sobre otras costumbres de los indios Tehuelches que, con gusto, ofreceremos a quienes nos la requieran. También ponemos a disposición un minúsculo diccionario o, para ser más exacto, una serie de vocablos (tres carillas) confeccionado por nuestros expedicionarios para lograr un diálogo aceptable con ellos.

Sonia Massarino